Habitar París 5

 

Habitar París 5

          Te quiero contar mi experiencia de lectura con la novelina París 5, de Liliana Miraglia, pues su naturaleza relacionada al análisis lacaniano me obligó a detenerme, mirar hacia dentro y dar palabra a este viaje interior que empezó a gestarse en mí de manera incómoda, inquietante. Con todo, debo darte un avance del final: habitar París 5 fue extraño, pero liberador. No lo hice sola. Formar una comunidad lectora me permitió tramitar la angustia y aterrizar en una pista segura, sin neblina ni baches.

        No nos dan instrucciones para leer París 5

Si googleas "París 5", predomina la información turística sobre esta poética capital francesa: los 5 lugares que no te puedes perder (o “lugares imperdibles”, por lo del impacto por brevedad). También te instruyen sobre qué visitar, o das con información detallada sobre el París latino y bohemio, correspondiente a los distritos 5 y 6.

La novelina de Liliana Miraglia no aparece. Por supuesto, es cuestión de afinar la búsqueda y agregar al comando "París 5" el nombre de su autora. No se abre una gran diversidad de material digital para análisis, pero se encuentra contenido de valor: una análisis de Raúl Vallejo para la Real Academia de la Lengua, noticias sobre distintas presentaciones de la novela, más observaciones de Vallejo sobre la relación de la prosa de Miraglia con la de su coetánea, Gilda Holst.

Con mi análisis de la novela y el material que he revisado me dispongo a preparar mi clase expositiva para el club de lectura online Hasta donde me lleven los pies, que dirijo desde el 2024. Sin embargo, debo confesar que atravieso por una situación que es mandatorio desanudar.

    Ocurrió que me paralicé. 

    No viví un bloqueo como tal, sino una resistencia.

    

No es mi culpa procrastinar 

   Me levanté, di una vuelta. Atendí otras necesidades.

  Al día siguiente ya me iba a sentar a escribir la clase, pero abría un correo electrónico y quedaba enganchada en algo urgente.

  Días después me dispuse a anotar los temas fundamentales que iríamos a tratar en el club, pero vino el Encuentro Literario en la UCG y me distraje con otra lectura, y otra, y otra.

 Continué dando prioridad a trabajos que no requerían una atención puntillosa, y lo hice en horarios absurdos. Por ejemplo, opté por calificar demasiado atentamente los trabajos de participación en clase de mis estudiantes. Aquí, hago una aclaración necesaria: para quienes somos profes, sabemos que muchas veces estas hojas de participación tienen un valor de presentación más que de contenido, por lo que no requieren una revisión profunda ni exhaustiva. Pero ahí estaba yo, tratando de resolver el mundo una tilde a la vez. Y no a cualquier hora, sino a las nueve de la noche.

Por supuesto, también me sucedieron circunstancias similares a las de la protagonista en la novela.

A ella, sus vueltas le impedían llegar al núcleo del análisis; a mí, me hacían sentir cada vez con más culpa y vergüenza frente a mis alumnas del club, quienes me lanzaban señales de auxilio porque de verdad no entendían de qué iba la obra o cuál era el sentido de leer sobre una mujer que viaja a París y en lugar de conocer la ciudad va 5 veces al día a consulta, pide el baño en distintas cafeterías, compra un ticket para Brujas pero lo devuelve, come sola y no se atreve a decirle a la camarera cuál es el postre que ella prefiere, sino que acepta el que ésta, ese día quizás demasiado atenta y parlanchina, le ofrezca.

Me ocurrió, entonces, que me propuse empezar la elaboración de la clase apenas llegara a la casa, pero se me perdieron las llaves. Llamé a mi hijo, pero no me contestó; me senté a esperarlo en la escalera…  seguramente no tardaría en llegar… el bus solía escucharse desde la esquina a las tres de la tarde, faltaban apenas 12 minutos… pero no. Nada. El reloj marcó las tres y media, hacía rato que había escuchado algo parecido a los chirridos de los frenos del bus, pero no había señales de él. Entonces recordé que esa tarde tenía entrenamiento, no llegaría sino hasta las 5pm. ¿Qué hacer? Tenía, desde hacía rato, ganas de orinar. Bajé a pedirle el baño a mi cuñada, pero estaban haciendo limpieza profunda, por lo que me era imposible pasar, todo el piso de la entrada estaba ensopado de agua con cloro.

Podría continuar con la descripción, pero creo que ha quedado claro el punto: la desesperación que estas nimiedades producen en el lector tiene que ver con el absurdo de que obstaculicen el cumplimiento del deseo de la protagonista – en este caso, ahora también yo-. El lector no comprende por qué no se encuentran otras soluciones más obvias y posibles, o hacia qué lugar más catártico van a arribar todas estas peripecias.

Pero de eso se trata la literatura de Liliana Miraglia. De obligarnos a ver hacia adentro. Entender que esos nudos nos definen más que acciones externas grandilocuentes. No se trata, por ejemplo, de explicar el gran acontecimiento de la muerte de su madre. No. Se trata de que la protagonista se mire en tercera persona y comprenda en su cuerpo, en su carne, que su madre murió. En su experiencia, eso se traduce en que asimile que hay alimentos o vajillas que ya no tiene sentido comprar, desempacar o utilizar por el hecho de que ella ya no está, y pueda, entonces, tramitar su duelo, o en palabras más literarias, recibir una revelación: muere un trozo de nosotros cuando alguien querido fallece.


Pausa para hablarte de Harry Potter

En Harry Potter (novela y peli), Voldemort, el antagonista del joven mago, ha realizado un hechizo para alcanzar la inmortalidad: guardar una parte de su alma en algunos objetos muy bien escondidos y resguardados. Con la intención de eliminarlo, Potter y sus amigos los buscan y, a pesar de todos los peligros, logran irlos destruyendo uno por uno hasta que llega el momento culminante: el protagonista se da cuenta de que él mismo es el último de los horrocruxes. Esto es así porque cuando Voldemort asesinó a sus padres, Potter estaba presente. Se lo conoce como “el niño que vivió” y nadie entiende cómo pudo sobrevivir a la peor de las maldiciones. Sin embargo, este gran nudo se devela al final: Voldemort, al lanzar la maldición, ha dado también (involuntariamente, claro) un extracto de su alma al niño.

Harry Potter se ofrece en sacrificio. Permite que Voldemort lo destruya.

Avra Kadavra.

Lo que sucede es contrario a lo que el antagonista y todos los espectadores esperamos. Esa noche muere el último pedazo de alma de Voldemort, una materia exógena instalada en el interior de la conciencia, mas no en la esencia de Harry.

Una vez más, el protagonista vive.


El diván es brujería

El análisis (para mí, disculpen mi subjetividad) se trata de dar con el último de los horrocruxes y entender que los síntomas nos guían a encontrarlo, que aquello que rechazamos es necesario de comprender para que así, quizás, podamos vivir con nuestra esencia liberada de esos “hechizos” que recibimos en edades tempranas o en momentos en donde estuvimos desvalidos, y que se instalaron en nuestro inconsciente (ese espacio insondable que dirige nuestras acciones, decisiones, elecciones). El análisis, quizás, se trata de comprender que esos síntomas se han instalado en nuestra personalidad y narrativa de vida, pero que no son nuestra esencia.

Estas vueltas, estas digresiones en apariencia innecesarias que le ocurren a la protagonista de París 5 y que me ocurrieron a mí al momento de preparar mi clase para mis estudiantes del club de lectura, son, en parte, el susurro de una maldición. La fuerza invisible que nos quiere alejar del horrocrux para evitar que lo destruyamos y proteger así la imagen que hemos creado de nosotros, es decir, lo que en verdad es nuestro ego.

Pero esos tropiezos son, también, el camino necesario que tenemos que recorrer para prepararnos, conocernos, enfrentarnos, fortalecernos y ser capaces de, por ejemplo, volar en avión a pesar de tenerle miedo, o sacar esa vajilla que tenía sentido solamente si la compartíamos con nuestra madre. O, incluso, resignificarla.

Resignificar a la vajilla. A la madre. ¿Rehacernos?

¿Se puede llegar al fin del análisis?

¿Se podría plantear un final definitivo y grandioso en París 5?

 

Posdata: esta lectura me reveló que todavía debo tramitar el duelo por mi abuela, así como tantos otros duelos que han quedado instalados en mí con la forma de alguna manía, obsesión, idea preconcebida, temor, vacío, impulso, preferencia. Quizás, compartir con mi club de lectura un análisis honesto de esta obra no iba a ser posible hasta que yo no desanudara justamente lo que me estaba frenando. A ellas les agradezco por haberme esperado y, después, haber liberado también sus resistencias con este proceso de lectura. 

 

 

*Lecturita que les recomiendo si quieren saber más sobre cuentos anteriores de Miraglia y la comparación que Vallejo hace con Holst. También usé este texto para enfocarme en la mirada con que leeremos literariamente a Miraglia:

Vallejo, Raúl (2023). Academia ecuatoriana de la lengua:

https://web.archive.org/web/20240418201456/http://www.academiaecuatorianadelalengua.org/gilda-holst-y-liliana-miraglia-sus-primeros-cuentarios-por-don-raul-vallejo/

obligado para estudiar la literatura escrita por mujeres...

 

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