Un club de lectura… ¿para qué?
Aquí comparto el escrito de Silvia Arosemena sobre su experiencia en nuestro club de lectura online Hasta donde nos lleven los pies.
Un club de lectura… ¿para qué?
Antecedente
Febrero, 2025.
Una persona muy querida
para mí me invita a formar parte de un club de lectura online que dirige una
profesora de nombre Mariella Manrique y decido lanzarme a esta aventura sin
paracaídas. La metáfora que abriga esta
comunidad lectora es “Hasta donde nos lleven los
pies”. En aquel mes, duelos profundos me
tenían sin ganas de caminar o de moverme.
El tiempo pasó y llegamos
al final de las lecturas del año con una novela que apela
a mi formación analítica.
Mi posición frente a esta
lectura
Me dedico al psicoanálisis
lacaniano desde hace mucho tiempo. El
psicoanálisis es una clínica de la que uno no se gradúa ni tampoco obtiene un título
universitario, más bien se está en constante formación.
Lacan, psiquiatra y
psicoanalista francés, decía de manera contundente en uno de sus escritos
fundacionales de su Escuela, “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el
psicoanalista de la Escuela”, que no se puede ser psicoanalista si no se está a
la altura de la subjetividad de la época.[1]
Con esta frase podemos dar cuenta cómo el que se asume en la posición del analista no puede dejar de estar en constante exploración y es necesario que se mantenga lúcido ante los tiempos que viven los sujetos cuyos síntomas se les vuelven insoportables.
Por qué en París
Volviendo a la novela
citada, que resignifica todo un año de lecturas bajo
distintas propuestas de temas que nos permiten vincular la lectura con nuestras
vidas, deseo darle una mirada psicoanalítica a “Paris 5”[2]
de la escritora ecuatoriana Liliana Miraglia. “Hasta donde nos lleven los pies”
tiene una estructura de trabajo que comprende, entre otras cosas, un encuentro
virtual con los autores de los libros leídos y compartidos. Invaluable experiencia que hace posible
escuchar a los escritores y escritoras que hemos trabajado.
Una de las primeras
preguntas que me hago al sostener este libro en mis manos es por qué París. “También podría ser Yaguachi”, nos dijo
Liliana en nuestra charla en común, pues lo fundamental
es el viaje en sí, no el destino. Con todo, la simbología de Paris es poderosa.
Esta ciudad es la cuna del renacer del psicoanálisis. Posteriormente a la
muerte de Freud, hay una especie de ramificaciones de su invención y surge la Psicología del yo con sus
propias propuestas, pero deja de lado conceptos
fundamentales del padre del psicoanálisis. Años después, un psiquiatra joven, francés, decide
“retornar a Freud” y repensar el yo como una instancia imaginaria pero
necesaria para el ser humano. Las
elaboraciones lacanianas abarcan casi toda su vida, y nos deja un legado
complejo como lo es la vida misma.
¿Todo bajo control?
Miraglia sostiene que su
libro no es un testimonio, pero de refilón, a lo largo del mismo, se pueden vislumbrar vivencias que dan cuenta de los impasses
de la protagonista, cuyo nombre no sabemos. La mirada, o pulsión escópica[3],
no es el acto de ver, sino el ser visto por el Otro[4].
En la clínica la escuchamos en la vergüenza, en el pudor, en la fascinación,
entre otras. Veremos su presencia a lo largo del texto.
“Tenía todo bajo control
la primera vez que viajé a Paris para iniciar mis
sesiones de psicoanálisis[5]”,
son las primeras palabras que leemos, y ciertamente la protagonista tiene todo
calculado. Incluso lleva un sueño anotado, el cual asocia
a la madre Alexia, una monja que era la encargada de su grupo en un internado
en el extranjero que estuvo en la secundaria. Ella recuerda que este sueño la desestabilizó un poco[6].
Este, podemos decir, es el primer retazo de su vida que se deja ver en la
novela.
Cuando se encuentra de frente con su
psicoanalista, cuyas primeras letras de su nombre, coinciden con las de la
monja de su sueño, y al percatarse de que no es un personaje híbrido como lo había soñado, “desordenó el universo controlado que me había permitido llegar
hasta ahí[7]”.
Mas adelante escribe “El no haber estado preparada para un psicoanalista, con
una imagen tan terrenal, me resultó intimidante[8]”. Esta y otras contingencias, donde se pone de
manifiesto la imposibilidad de controlarlo todo, la angustian.
Para evitar esa angustia,
la analizante, realiza muchas peripecias, que a las finales se le derrumban,
sin embargo, esos derrumbes permiten nuevas construcciones y asociaciones que
son llevadas al diván, de las cuales no tenemos registro sino solo por algunas
palabras, breves fragmentos y una que otra pregunta que el analista le hace.
Una novelina que es la
simulación de un análisis
París 5 es una “simulación
de un análisis”, como lo denomina su autora, dicho en la reunión con las
integrantes del club y su fundadora. Así es, son asociaciones libres donde su
escritura va de un hecho a otro, de una historia a otra, sin un orden específico, sin un tiempo lineal, sino más bien un tiempo lógico[9],
es decir, atemporal, sin una cronología ordenada, como lo es el inconsciente
mismo, el cual no se rige por kronos, sino por kairos.
“Me miran raro, debo lucir
rara. En todos me dicen que no hay espacio. Tengo ganas de orinar[10]”.
Aquí vemos el síntoma de la angustia, articulada a la mirada del Otro. “Siempre
la tímida y de hablar temeroso soy yo[11]”,
“No soy una turista, pero es a lo que más me parezco. Lo bueno del estatus de turista es que
hace a la soledad, si no más llevadera, sí más justificada[12]”.
Estos planteamientos abren a preguntas, ¿por qué la soledad tendría que ser justificada?, ¿de dónde viene esa mirada que
le resulta amenazante y la lleva a angustiarse?
“¡Promesas pendientes! Apagar la luz para
dormir de noche, subirme a un avión, estirar la mano y aceptar el croissant que
el manager del hotel me ofrece, dormir sola[13]”.
Estos son recuerdos de infancia de la protagonista, donde deja en pausa, actos
liberadores y que se atan al goce de la vida. Si algo está claro es que ella,
en el presente, en la novela, se sube en muchos aviones, no solo para sus
sesiones de análisis, sino para seminarios a los que asiste regularmente. Desplazamientos, movimientos del deseo que
interceptan sus síntomas, inhibiciones y angustias.
El último capítulo es muy revelador
El último capítulo, que lleva el título del
libro, es muy revelador. Los relatos, aunque se hilvanan a lo largo del texto,
se introducen de forma aleatoria en su escrito.
Algunas frases que logro cazar son: “Me cuesta aceptar cuando me ofrecen algo[14]”;
“Lector, cuando puedas dime dónde estabas tú ese día en que volamos lento[15]”;
“Ellos me miran a mí, especialmente una llama que me sigue con la mirada donde
quiera que yo me muevo[16]”;
“Sabrina dijo que iba a Paris en busca de ella misma[17]”;
“La ansiedad hace que me den frecuentes ganas de orinar. Las ganas de orinar
son mi vulnerabilidad en mis sesiones de análisis[18]”.
Articulado a lo anterior, cuenta un suceso que
tiene que ver con haber sido testigo de un evento que podríamos llamar
traumático. Vecinos que ayudan a
desarmar la cuna de su hermano menor porque estaba junto a la ventana y por
ende en riesgo de ser atacado por los tanques de guerra que cruzaban las calles:
“Esa noche conocí, por primera vez, el sonido de las balas”[19],
“Recuerdo que yo estaba tan asustada que tenía que orinar a cada rato”[20].
Voilá…`
Mucho por decir de las citas aquí extraídas,
sin pretender, por supuesto hacer un análisis de la protagonista, pues ella ya
tiene un psicoanalista. Se pueden tejer muchas hipótesis sobre este sujeto que
transita por el mundo para dar cabida a su palabra y a sus actos que tengan
efectos terapéuticos y que le posibiliten reposicionarse subjetivamente. Es una
apuesta, una entre tantas, que puede tener desenlaces distintos, como no
tenerlos. Este capítulo trae conceptos fundamentales del psicoanálisis como: la
demanda de amor, la transferencia, el pasaje al acto, entre otros.
Para Lacan, la pregunta que atraviesa a todo
sujeto es ¿Che vuoi?, ¿qué me quiere? Brevemente y a manera de
conclusión puedo decir que la mujer que se va des(cubriendo) ante sus lectores,
en este caso nosotras, en sus enredos, desenredos, miedos, sueños, anécdotas,
es un sujeto, atravesado por la división subjetiva, es decir, un yo dividido por
la demanda y deseo del Otro que funda el inconsciente. Deseo no como un
capricho o un querer, sino como estructural de la constitución subjetiva, como
motor de la vida, ya que, al estar atravesados por el lenguaje, ya no solo
demandamos que se cubran nuestras necesidades básicas para sobrevivir, sino que
demandamos amor, y la distancia entre la necesidad y la demanda, es donde se
aloja el deseo, incesante, irreverente, en falta, que permite seguir caminando…
Un libro que cierra un ciclo donde retomo el
placer por la lectura
“Hasta donde nos lleven
los pies”, y los vínculos allí anudados desde la singularidad e historia de
cada cual, zambulléndonos, según el ritmo particular de cada una, en los libros
propuestos mes a mes, ha sido vehículo de transformación para mí. Han caído ciertas
inhibiciones y duelos, he podido soltar angustias expectantes de catástrofes
imaginarias, he hecho viajes en avión y he retornado al placer de la lectura
como latidos que no cesan y hacen posible fluir.
Concluyo con las palabras
de esta gran escritora, que sin hacer de su libro un testimonio, da cuenta de
una vida: “Paris es la ciudad donde los sueños se hacen realidad, pero para mí
es la ciudad donde voy a contar los sueños en el diván[21]”.
Silvia Arosemena
11 de noviembre de 2025
[1] Lacan, J. (1967). Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el
psicoanalista de la Escuela. Otros escritos (pp. 243-259) Paris: Seuil.
(Publicado originalmente en 1967).
[2] Miraglia, L. (2024). Paris 5. Báez Editores.
[3][3] Lacan, J. (1973) El Seminario. Libro 11: Los cuatro conceptos
fundamentales del psicoanálisis. (1964). Buenos Aires, Editorial
Paidós.
[4] El Otro se refiere al acervo simbólico que recibimos de la cultura,
al lenguaje, al “tesoro de significantes” que recibimos, que nos hablan, nos
nombran, nos dan un lugar en el deseo de las figuras primordiales.
[5] Miraglia, L. (2024). Paris 5. Báez Editores. pp. 9.
[6] Idem, pp. 13.
[7] Idem, pp. 13.
[8] Idem pp.13.
[9] Es particular del sujeto, por ejemplo, una muerte que ocurrió hace
muchos años, se puede vivir como si hubiera ocurrido ayer.
[10] Idem, pp.20.
[11] Idem,pp. 26.
[12] Idem, pp. 26.
[13] Idem, pp. 52.
[14] Idem, pp. 57.
[15] Idem, pp. 58.
[16] Idem, pp. 65.
[17] Idem, pp. 74.
[18] Idem, pp. 71.
[19] Idem, pp.72.
[20] Idem, pp. 72.
[21] Idem, pp. 78.
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